Jesús de Miguel y los límites de la curiosidad científica

Hace días estaba buscando material sobre técnicas de investigación cualitativas y me encontré con Jesús de Miguel, un sociólogo español, catedrático de la Universidad de Barcelona, que ha dedicado buena parte de su trayectoria académica al estudio de la autobiografía como técnica de investigación científica.

Busqué alguna página donde descargar el manual que le publicó el Centro de Investigaciones Sociológicas, pero no conseguí ninguna. En cambio me topé con una noticia de 1994 que llamó más mi atención que el resto de artículos y textos propiamente académicos. En ella, colegas y estudiantes de De Miguel lo acusan de «utilizar» las autobiografías que les habría asignado como tarea a estos últimos, para fines distintos a la mera evaluación.

«El pasado martes, el decano de Económicas, Joan Tugores, confiscó los originales mientras eran fotocopiados por triplicado en la copistería de la facultad por orden de De Miguel. Se ha abierto un expediente informativo.»

La nota en términos generales, hace pensar en un señor trastornado que buscaba hurgar en aquellos textos íntimos con fines oscuros, pero que al ser encontrado con «las manos en la masa» no pudo concretar su terrible plan. Si bien no queda muy claro cuales pudieran ser estos fines oscuros (o el terrible plan en el que se enmarcaban), lo que sí parece haber quedado claro con el tiempo (a juzgar siempre por las noticias que consigue uno en Internet) es que De Miguel tiene una clara inclinación hacia conductas inapropiadas (por no decir delictuales).

Pero aun así creo que es válido preguntarse ¿qué tanto podría haber hecho De Miguel con las mentadas autobiografías? Lo más probable es que las hubiese empleado para «testear» sus técnicas hermenéuticas o para comprobar la efectividad del análisis autobiográfico como estrategia útil en la investigación social.

Jesús de Miguel y los límites de la investigación

En todo caso, creo que el hecho ilustra el afán por llevar hasta las últimas consecuencias la pretensión de ver por dentro a la sociedad, desde ángulos de difícil acceso. La noticia me hace pensar en los límites de la curiosidad científica. Límites que son mucho más difusos y complejos cuando se trata con lo social. Aquí, si bien no se pone en juego (al menos, en la mayoría de los casos) la vida física de las personas, siempre están interviniendo valores y afectos, imperativos morales y sentimientos que, por intangibles, no dejan de ser relevantes para nosotros (como investigadores y como sociedad).

Hasta qué punto es entonces inofensiva o condenable la utilización arbitraria de un saber íntimo, si esa utilización servirá a fines que, en última instancia, trascienden y no afectan (de modo directo) esa intimidad vivida por los sujetos.


La foto es de Luz Bratcher (CC BY-NC-SA 2.0).

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