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Internet y la democracia

Internet y la democracia

Internet lo ha cambiado todo, ya eso lo sabemos. En parte porque ha permitido la democratización directa de la información y de los medios de difusión pero también por las consecuencias indirectas que ha tenido sobre la sociedad. Las nuevas formas de relación que nos impone la era digital ha impulsado modos inéditos de entender la propiedad (véanse las diferentes licencias que suelen agruparse con el nombre de Copyleft), al tiempo que han surgido nuevos vínculos de cooperación y se ha revalorizado la inteligencia colectiva. En el ámbito de la educación, ha tomado fuerza el conectivismo como enfoque ajustado a las características de Internet y, en lo económico, nuevas dinámicas han comenzado a gestarse en el mundo.

En este contexto surge en Argentina el Partido de la Red, un movimiento que descubrí por puras conexiones casuales (como casi todo a lo que uno consigue a través de Internet). De este partido, más que el partido en sí mismo y sus oportunidades políticas en la Argentina, me interesa la idea y las transformaciones que proponen, cuyo centro es precisamente la web. Encrucijada donde se evidencia la compleja relación entre la política, la democracia y las aspiraciones de las nuevas generaciones.

«Error 404». Internet como alegoría

La idea sobre la que se sostiene el «programa» del partido es una pregunta en apariencia simple: si Internet lo ha cambiado todo (la educación, la cultura, la comunicación, la economía) ¿por qué no habría de cambiar la forma en la que se hace política? Una inquietud razonable que solo podía venir de quienes, por un lado, tienen la suficiente distancia como para percibir la obsolescencia del viejo sistema democrático que tenemos y que, por otro, no se sienten representados por los «representantes autorizados», razón por la que buscan hacer suyo el derecho de acceder al poder que se les ha negado, cambiando las reglas mismas del juego. Una nueva generación cuya visión de las cosas está enmarcada en el auge de la tecnología moderna y todo lo que ésta ha traído como consecuencia.

Desde el punto de vista del partido, Internet es tanto un instrumento como una alegoría, en tanto la referencia simbólica es evidente en el discurso de sus principales portavoces. Así, por ejemplo, Santiago Siri habla de «hackear el sistema político» para «abrir el ancho de banda de la democracia». En el wiki del partido (un canal de comunicación muy coherente con su propuesta) se dice que «la democracia que tenemos está estancada» porque «su ancho de banda es limitado». En una de las láminas de Pina Mancini en TEDx, se deja ver la pancarta de una manfiestante (no se dice de dónde) que clama «error 404 democracia not found». Es claro que la alusión no es descabellada ni arbitraria, Internet ha resignificado el poder de tomar decisiones, inspirando a veces anhelos radicales.

En esta presentación de Siri, éste utiliza el verbo hackear para referirse a la ruptura y al paso de un sistema centralizado (donde uno, el rey, dirige a muchos, el pueblo) a un sistema descentralizado (donde pocos siguen dirigiendo a muchos) y, más actualmente, a un sistema reticular, distributivo y expandible que equipara el costo de emisión y recepción de mensajes y señales, permitiendo que la dirección se dé de muchos a muchos. Es allí donde, además de alegoría, Internet se convierte en el medio y en la herramienta (chance the tool es uno de sus lemas) idónea para viabilizar la incorporación de los muchos en la toma de decisiones. DEMOCRACIA OS (o simplemente DOS) es el software que el partido ha impulsado como plataforma de participación basada en la inteligencia colectiva. De esta, se desprenden también una iniciativa mexicana de características casi idénticas (pero, al parecer, auspiciada por el gobierno de ese país).

Asambleas y redes

A mediados del siglo pasado, Erich Fromm escribió un propositivo ensayo sobre el «socialismo humanista». En él, Fromm apoyaba la profundización de la democracia y se oponía a cualquier tipo de dictadura (incluso a la del proletariado). Pensaba, hace más de 50 años, que «los instrumentos técnicos de que disponemos en materia de comunicación y tabulación» hacían posible «reimplantar el principio de la asamblea urbana en la sociedad masiva contemporánea» (1984, p.115). Esta idea, que hoy luce mucho más cercana y evidente, es sobre la que parece sostenerse DOS, buscando hacer realidad la aspiración asamblearia, utilizando la www como ágora.

El ensayo de Fromm tiene una clara ascendencia en la idea de libertad que este mismo autor plantea en su más conocida obra (El miedo a la libertad). En ese sentido, su propuesta se enfoca no solo en la liberación de la opresión, sino en lograr una mayor «libertad para participar en forma activa y responsable en todas las decisiones referentes a los ciudadanos, libertad para desarrollar el potencial humano del individuo en el grado más pleno posible» (1984, p.109). Fromm hace énfasis allí, una y otra vez, en la necesidad de una ciudadanía informada y responsable. El problema sería cómo lograr esto. La solución, para Fromm, parece estar sobreentendida: limitar el influjo «hipnoide» que ejercen los medios de comunicación y los agentes económicos sobre la ciudadanía. Respuesta que hoy parece agotada e inadecuada.

Sin embargo, la interrogante se mantiene. Cómo hacer que el exceso de información disponible (hoy más que antes) se traduzca en conocimiento y responsabilidad. Ya sabemos que las discusiones en los foros de Internet por lo general no llegan a ninguna parte, por lo que es razonable dudar de que éste sea un mecanismo medianamente viable para discutir leyes.

La posición de Pia Mancini, quien es co-fundadora y secretaria general del Partido de la Red argentino, va más a tono con nuestro tiempo aunque no evita las ambigüedades: ¿qué hacer con todas estas voces que a veces no se escuchan entre sí y que a veces se distorsionan? ¿dejar de lado el debate y acallar las voces de la ciudadanía en favor de las de los representantes autorizados? ¿o buscar estrategias para canalizarlo y hacerlo fluir hacia un proceso deliberativo que alcance acuerdos comunes y bienestar colectivo? Obviamente, su propuesta y la de su partido se aferra a esta segunda alternativa.

Preguntas

Muchas preguntas quedan por hacernos si nos planteamos seriamente ideas disruptivas como las que propone el Partido de la Red. Desde los temas más simple, como la autentificación de los usuarios en la plataforma (cuyas decisiones serían vinculantes) a problemas de mayor envergadura y complejidad, como la viabilidad de este sistema a gran escala (sobre lo que se cuestiona la propia Pia Mancini) o el contenido mismo de la propuesta política (más allá de participación extendida utilizando Internet como herramienta). En todo caso, hackear la democracia por muy necesario que sea, no se hace de un día para otro y requiere de largas reflexiones. Es difícil saber cuánto tiempo más podrá sostenerse un sistema que ya tiene siglos de antigüedad. Pero si hacemos caso a los llamados de atención que nos hacen iniciativas como estas, debemos esperar entonces que pronto las cosas empiecen a cambiar.


La foto que acompaña el artículo fue tomada por David Shankbone y publicada en Wikimedia Commons bajo licencia CC BY 3.0.

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