Apuntes académicos

La metodología científica en el interaccionismo simbólico

En su afán por darle un programa científico coherente al interaccionismo simbólico —basado fundamentalmente en el pragmatismo humanista de G.H. Mead—, Herbet Blumer propone una concepción de la realidad a medio camino entre el idealismo y el realismo, doctrinas filosóficas que habrían «influido considerablemente en la investigación científica» y que, desde su punto de vista, son acertadas en alguna medida (Blumer, 1981, p.28).

Plantea, así, entender el mundo como una realidad mediada por la perspectiva de quien la vive y la interpreta (idealismo), pero también como algo «real» dado externamente a los sujetos (realismo) y que, por lo tanto, presenta siempre una obstinada resistencia a encajar en nuestros esquemas e imágenes. La investigación comporta, pues, un esfuerzo por aproximarnos a esta realidad «externa» sorteando de la manera más rigurosa posible dicha resistencia, y no haciéndola entrar de manera forzosa en nuestros modelos teóricos y prenociones.

Hay que respetar esta obstinada naturaleza o carácter: tal es, en realidad, el principio fundamental de la ciencia empírica, la cual lleva a cabo sus investigaciones obteniendo imágenes del mundo empírico en estudio y verificándolas por medio de un severo escrutinio del mismo. (íd., p.18)

La metodologia cientifica desde el interaccionismo simbolico

De esta manera, Blumer intenta operacionalizar los fundamentos de esta perspectiva teórica dándole un sostén metodológico que haga de ella una verdadera «ciencia empírica», tomando distancia de los «numerosos malentendidos y confusiones» de los que están salpicadas tanto la sociología como la psicología (refiriéndose con ello, sobre todo, a la clásica vinculación entre el empirismo y el positivismo, y entre la investigación social y la estadística).

A mi modo de ver debiera resultar evidente que la metodología se aplica y abarca todas las partes del acto científico. [..] Actualmente, la ciencia social considera con desalentadora frecuencia que el término «metodología» es sinónimo del estudio de los procedimientos cuantitativos superiores, y que un «metodólogo» es un experto versado en el conocimiento y utilización de tales procedimientos. Se le considera generalmente como alguien que aborda el estudio basándose en variables cuantificables, que intenta establecer relaciones entre ellas mediante el empleo de refinadas técnicas estadísticas y matemáticas, y que orienta su búsqueda por medio de elegantes modelos lógicos adecuados a cánones especiales de cierto «plan de investigación». (íd., p.18)

La crítica de Blummer se dirige al punto de vista de quienes asumen el método (en tanto compartimiento) como garantía de «acceso» a la realidad, lo cual no se da de manera automática. Según nos dice, el conocimiento profundo del problema en estudio muchas veces queda arropado por las prenociones teóricas y prejuicios de quien investiga cuando se presta atención solamente al «procedimiento», como si éste asegurase su definitiva validez. Así, dice al autor, «el protocolo de investigación establecido se convierte en sustituto inconsciente del examen directo del mundo social empírico» (id., p.28).

De acuerdo al enfoque propuesto, Blummer plantea seis aspectos que deberían considerarse en el proceso de la investigación social tal como él la entiende, los cuales serían «indispensables para la labor de la ciencia empírica». Estos aspectos son los siguientes:

  1. La posesión y utilización de una descripción o esquema previo del mundo empírico en estudio
  2. Formulación de preguntas sobre el mundo empírico y transformación de las preguntas en problemas
  3. Determinación de los datos de interés y de los caminos a seguir para obtenerlos
  4. Determinación de las relaciones entre los datos
  5. Interpretación de los hallazgos (partiendo del conjunto teórico que pueden, incluso, ir más allá de los límites del problema planteado)
  6. La aplicación de los conceptos (que deben ser sometidos a su vez, a un «examen metodológico»)

En suma, Blummer defiende una investigación cualitativa, inductiva y naturalista, para lo cual propone el estudio realmente cercano a la realidad empírica, a expensas (si es necesario) de teorías elegantes preestablecidas o meticulosos protocolos científicos que puedan cercenar nuestra capacidad para familiarizarnos «con lo que realmente sucede en la esfera de vida sometida a estudio» (id., p.29). La investigación social, en este sentido, debe estar orientada por el empeño de comprender los grupos humanos que abordamos, sin pretender introducirlos en nuestras imágenes prefiguradas.


La foto que acompaña el artículo es de Rasmus Andersson (licencia CC BY-NC 2.0).

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