Apuntes académicos

¿Cómo formular los objetivos de una investigación? Los verbos

Formulacion de objetivos de investigación (verbos)

Los manuales de metodología tienen, según creo, dos defectos fundamentales. El primero es la tendencia a una mirada en extremo reduccionista que busca presentar procesos complejos de una forma más simples y «digeribles». Esto, un defecto intrínseco de ellos, lleva a que se privilegie —muchas veces— la forma por encima del contenido. El segundo —y que tiene que ver más con el uso de que se les da— es que la gente es llevada así a decantarse por este modo simplificado de proceder, obviando cómodamente lo que opera detrás de los formalismos pautados.

Si bien estas dos razones podrían ser suficientes para sentir cierto recelo hacia los manuales, no creo que tengamos que renegar por entero del «saber manualesco». El problema de las recetas, no son las recetas en sí mismas, sino su aplicación acrítica a cualquier situación y en cualquier momento. Así, teniendo esto en cuenta, no pretendo aquí agotar el tema de la formulación de los objetivos de investigación, sino profundizar en la elección de los verbos que constituyen, según un criterio ampliamente aceptado, una parte muy importante de su estructura. Por lo tanto, no presentaré recetas, sino un punto de vista en torno a una cuestión que suele pasarse por alto, a veces por desconocimiento, a veces porque se da por sentada y otras veces por comodidad y flojera.

Las listas de verbos (en infinitivos)

Una de las primeras cosas que se nos dice al momento de planificar una investigación, es que los objetivos de la misma deben redactarse con «verbos en infinitivo». El infinitivo, según la RAE, denota una «forma no personal del verbo, que en español lleva las terminaciones -ar, -er, -ir», así como «la idea de una acción como noción general», de acuerdo con Wikipedia. Por lo tanto, el uso del infinitivo en los objetivos sirve dejar en suspenso las condiciones en que se realizará la acción (y quién la realizará), en el marco de la investigación como un proceso global.

En la práctica, la elección del verbo a usar, sin embargo, suele traducirse en una operación azarosa. A partir de una lista de verbos más o menos completa (discriminada a veces por tipos de objetivos o por la relación de los verbos con los tipos o niveles de investigación) mucha gente suele seleccionar de manera irreflexiva cualquiera de los términos allí incluidos.

Una vez más, el problema no es la lista en sí misma (que puede resultar de utilidad) sino que no haya un verdadero razonamiento en torno a la selección, más allá del imperativo de una asignación curricular que debe cumplirse, además, en unos plazos determinados. La forma se impone así al fondo, en la medida que el estudiante utiliza indistintamente verbos como «analizar», «identificar», «determinar», etc., ya que no se comprende lo que denota cada uno de ellos.

Delimitación del objeto. Implicaciones de los verbos

Contra la aleatoriedad, la manera correcta de proceder sería mucha más cautelosa. Lo primero es tener la suficiente claridad acerca de lo que se quiere investigar y esto se logra, primero, consultando lo que se ha escrito acerca del objeto de nuestro interés y, luego, planificando con rigurosidad qué es lo que uno se propone hacer. Solo si se ha logrado delimitar acertadamente nuestro objeto de investigación, sabremos si el fin del estudio es «analizar» o «identificar», «comprender» o «determinar», y los verbos así no cumplirán un papel meramente cosmético.

Es necesario, además, tener claro qué estamos diciendo con los verbos que decidimos usar. Por ejemplo, a veces se cuestiona el uso del verbo «estudiar» por ser demasiado amplio; sin embargo, dentro de las investigaciones interpretativas (también llamadas cualitativas) suele tener cabida, dada la naturaleza de estos estudios. Por lo tanto, todo dependerá de nuestro propósito y nuestra postura (que siempre la debe haber).

Utilizar «comprender» en vez de «explicar» puede tener implicaciones profundas, ligadas a cierto enfoque epistemológico: mientras el primero se asocia a estudios hermenéuticos o fenomenológicos, el segundo tiene una connotación más positivista. Verbos como «determinar» aluden, en la mayoría de los casos, a una aproximación cuantitativa. Y, dados sus alcances, «identificar» —por ejemplo— suele ser utilizado para objetivos específicos, mientras que «analizar» o «desarrollar» se asocia más (aunque no exclusivamente) a objetivos generales.

Objetivos generales y específicos

Como ya decía, por lo común se distinguen dos tipos de objetivos: los generales y los específicos. A diferencia de algunos manuales (como el de Balestrini, Como se elabora el Proyecto de Investigación), pienso (con Padrón, 2006) que una investigación debe tener solo un objetivo general que englobe el propósito de toda la investigación y, a su vez, se desglose en varios objetivos específicos. Esto podría entenderse como un mero formalismo (decidirse entre uno o dos objetivos generales) pero también tiene implicaciones de fondo. Al asumirse varios objetivos generales —por ejemplo— la investigación puede entenderse como un proceso más fragmentado.

Una manera de formular el objetivo general es vincularlo con la pregunta de investigación en torno al objeto de estudio, que es a su vez una forma bastante extendida y práctica de sintetizar la problemática. Esta pregunta por lo general se ubica al final (o casi al final) del llamado «planteamiento del problema», «descripción del problema» o «problematización». Si se procede de este modo, la interrogante allí planteada vendría a ser la incógnita (aquello que se desconoce) que la investigación va a permitir «descubrir». Así entendida, esa pregunta sería la base sobre la que se soporta todo nuestro trabajo indagativo.

Si entendemos que el objetivo general es el fin último de la investigación, entonces es lógico que dicho objetivo se desprenda y esté íntimamente relacionado con esta pregunta. Por ejemplo, si uno se plantease como interrogante «¿Cuál es la relación entre X y Y?» el objetivo general del estudio podría ser «Determinar la relación entre X y Y».

La lógica en la formulación de los objetivos

En el plano formal, la distinción entre objetivos generales y específicos tiene que ver también con la elección de los verbos. Antes señale que los verbos deben seleccionarse no en función de cuestiones retóricas o cosméticas (porque «suenan bien», «se ven bonitos» o «denotan autoridad intelectual») sino con base en su coherencia con la investigación. Por lo tanto, debe mantenerse cierta lógica en su uso; de modo que, aunque cada objetivo constituya una estructura aparentemente independiente, no pierda la relación que tiene con los otros.

Por ello debe evitarse que los verbos de los objetivos específicos trasciendan o vayan más allá del objetivo general. Por ejemplo, si el objetivo general es «Identificar las dinámicas políticas implicadas en X fenómeno», un objetivo específico no debería ser «Comprender la naturaleza política de las acciones cotidianas de las personas que participan de X fenómeno» por cuanto éste último —evidentemente— va a un nivel mucho más profundo que el anterior (no solo en cuanto al verbo utilizado sino en cuanto a su alcance, podría decirse), cuando la lógica dice que debe ser al revés.

De acuerdo a esto, también se justifica el hecho de que no deban utilizarse más de dos verbos en un mismo objetivo, básicamente porque resulta redundante. Por ejemplo, si en última instancia lo que se quiere es comprender las dinámicas políticas implicadas en X fenómeno no se justifica que el objetivo sea «Identificar y comprender las dinámicas políticas implicadas en X fenómeno». En tanto que la identificación es necesaria para luego comprender, la extrema especificación es innecesaria.

*

Lo cierto es que los objetivos deben pensarse siempre en función del proceso global de investigación. Las «reglas» que suelen imponerse al momento de formularlos no deben entenderse (aunque así se presenten) como leyes inalterables. La investigación científica es —por encima de todo— un proceso creativo y las normas que encontramos en los manuales y en las clases de metodología no son más que lineamientos ampliamente aceptados, que si bien no dejan de ser importantes están sujetos a la naturaleza de nuestra investigación y a los propósitos que la orientan. En ese sentido, conviene que las listas de verbos y las recetas predeterminadas sean reemplazadas por la reflexión y el sentido común del propio investigador, que es —en teoría, al menos— quien realmente conoce lo que se propone hacer.

@pblcaraballo

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One thought on “¿Cómo formular los objetivos de una investigación? Los verbos

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