Apuntes académicos

5 errores «comunes» al formular los objetivos de una investigación

Formulacion de objetivos de investigacion (errores comunes)

El propósito fundamental de un proyecto de investigación es «vender» una idea de investigación. «Vender» implica siempre algún nivel de persuasión, pero sobre todo (al menos en este contexto) implica que dicha idea debe estar formulada de la manera más coherente posible para que logre convencer y demostrar ―con argumentos sólidos― su pertinencia y su clara proyección. Por lo tanto, todos los elementos que integran el proyecto deben engranar y, en última instancia, corresponderse con los objetivos propuestos en el mismo.

Desde este punto de vista, al plantearse los objetivos de una investigación es importante hacerlo con mucha claridad y, para ello, hay algunos aspectos formales que deberían tenerse en cuenta. Retomando lo expuesto en una entrada anterior, trataré de ilustrar aquí cinco errores «comunes» que, últimamente en mi experiencia como profesor, he encontrado de modo recurrente y que deben evitarse para llevar a feliz término la formulación y desarrollo de un estudio científico. 

1. Expresiones subjetivas

Si bien en la actualidad la «objetividad» no goza de la reputación y la irrefutabilidadde la que gozaba antes, aún es importante que, al menos a nivel formal, se eviten emplear términos excesivamente subjetivos así como valoraciones que tiendan a ser más bien relativas. Por ejemplo, dentro de un objetivo de investigación (sea general o específico) no se debería hablar de «mejorar» determinada situación, y mucho menos de consideraciones del tipo «bueno» o «malo», «negativo» o «positivo», y así otros términos similares.

Puesto que lo bueno y lo malo, al igual que lo bello y lo feo, tienen una mayor propensión a variar de acuerdo al punto de vista de quien lo defina, es preferible evitar este tipo de expresiones. Si se tratase de una investigación aplicada o participativa, siguiendo con lo dicho antes, sería aconsejable entonces sustituir el «mejorar» por «disminuir» (o «incrementar») determinado indicador asociado al problema en estudio. Así, en vez de «mejorar» la participación de determinada población, se puede hablar de «incrementar» dicha participación; en vez de «mejorar» la calidad del agua, de «disminuir» los niveles de contaminación; etc.

2. Exageraciones

Otro error común es formular los objetivos utilizando términos exagerados, inviables o inabarcables. Esto está vinculado con lo dicho antes, ya que las exageraciones tienen un alto grado de subjetividad implicada. Un error en este sentido sería, por ejemplo, hablar del desarrollo de un plan para «erradicar» la pobreza. Parece más recomendable hablar, en cambio, de «disminuir» los índices de pobreza (dejando en claro, además, los criterios empleados para definirla y medirla) ya que la erradicación sería prácticamente imposible (al menos, con una sola investigación).

Otro ejemplo podría ser un objetivo que proponga abarcar toda la población de un determinado país. En este caso, no se está precisando quiénes serán los sujetos abordados y además, a simple vista, plantea algo excesivamente ambicioso. Siempre puede tratarse de un censo nacional, pero una investigación de esta magnitud implica un despliegue inmenso de recursos humanos y materiales, de modo que hay que evaluar si se disponde de ello antes de formularlo en esos términos. En todo cado, la viabilidad ―y por lo tanto, lo que puede considerarse exagerado o no― depende de lo que se quiere ―y se puede― hacer.

3. Términos ambiguos e imprecisiones

Uno de los aspectos más importantes al redactar los objetivos de investigación es evitar las expresiones ambiguas e imprecisas, en tanto que éstas tienden a generar confusiones y ruido. Por ejemplo, si bien en algunos casos puede ser válido hablar de «causas» o «factores», estos términos no siempre son adecuados ya que pueden ser muy amplios y abarcadores.

Más aún, hablar de «los puntos de quiebre de un sistema» puede no significar nada para mucha gente (incluso, para gente cercana al área de estudio), por lo que quizá sería más pertinente hablar de «fallas» o «debilidades» del mismo sistema. Asimismo, no sería aconsejable utilizar expresiones que utilizadas regularmente en contextos sociales o políticos, pero que carecen de una definición exacta. Por ejemplo, hablar del «buen vivir» como categoría de análisis puede ser muy arriesgado, a menos que la intención de la investigación misma sea darle un significado más acotado, ya que puede ser un concepto admisible en la formulación de planes o políticas de gobierno, pero no tiene un soporte conceptual suficientemente claro.

4. Expresiones coloquiales

Por las mismas razones ya dichas, es necesario también evitar el uso de palabras coloquiales, sean éstas propias del ámbito social en el que se ubica el investigador, de la región o del país en el que se encuentra. Incluso, cuando se tiene la certeza de que las personas que leerán y evaluarán el proyecto conocen dichos términos y sus significados, no es aconsejable utilizarlos ya que éstos tienden a variar sustancialmente dependiendo del contexto de uso. Además, si el investigador o la investigadora pretende llevar su trabajo más allá de sus fronteras culturales, esto terminará siendo un obstáculo importante. Este aspecto, como el anterior, está relacionado con el campo de la redacción académica en general.

5. Supuestos implicados

Un último aspecto a destacar es que, en tanto las investigaciones se realizan para profundizar o ampliar el conocimiento en torno a un objeto determinado, se debe evitar incluir supuestos apriorísticos dentro de los objetivos de investigación. Por ejemplo, «determinar las ventajas del programa educativo X» no sería la manera más acertada de plantear el objeto general de un estudio en tanto que los criterios empleados parecen, en principio, muy opacos y difusos (¿ventajas de acuerdo a qué parámetros?). Además, un comité evaluador podría preguntar, no sin razón, ¿por qué interesan solo las ventajas y no las desventajas? Una forma más pertinente de formular este objetivo sería quizá «Evaluar el programa educativo X con base en las metas propuestas por Y institución…».

Todas las observaciones aquí apuntadas tienen, por supuesto, excepciones que dependen de cada caso. No niego que un estudio científico podría interesarse por indagar concretamente en las ventajas de un plan o programa, de un producto o servicio, respondiendo a determinadas condiciones o fines específicos (podría tratarse, por ejemplo, de una investigación contratada por un gobierno o por una institución que desarrolla dicho plan o programa, o por la empresa que comercializa el producto o el servicio). Pero en el campo académico, se evita este tipo de asunciones y se trata de responder a criterios más amplios. Otro ejemplo sería cuando se quiere estudiar el problema de la seguridad ciudadana. Aunque el problema social sea la «inseguridad», la problemática de investigación es la «seguridad» y así debe plantearse.

*

Como dije antes, la redacción de los objetivos (y de todo proyecto y trabajo de investigación) tiene que responder sobre todo y necesariamente a la investigación misma y no a normas descontextualizadas. De modo que, este artículo solo busca aclarar aspectos puntuales, a partir de nociones generales, que deben adecuarse a nuestras necesidades. El proceso de investigación es, en esencia, un proceso creativo; desde mi punto de vista, es este el principio básico que debe privar en todo caso.


El autor de la foto que acompaña la entrada en Leon Levinstein y fue tomada del blog Vintage Everyday.

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