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El Bravo Tuky. Para pensar la/s juventud/es

En días recientes estuve terminando un ensayo que (en teoría) debí haber entregado hace un mes. Es un trabajo sobre la construcción de identidades masculinas en el barrio y las posibles alternativas que permitirían contener el incremento de la violencia en ese contexto. Así llegué hasta el libro de Juan Pedro Cámara y Jesús Torrivilla, El Bravo Tuky, publicado este año por Libros Lugar Común. Un texto que (como también lo hiciera el corto documental ¿Quién quiere tuki? en 2012) retrata el fenómeno identitario, más allá de la imagen mistificada de los pantalones «tubitos» y el desorden de los matinés. En esta entrada les dejo mis impresiones acerca del libro y el tema que aborda.

#MovimientoTuky

Aunque El Bravo Tuky no es exactamente lo que esperaba, tampoco es menos de lo ofrece. Producto del trabajo de pregrado de sus autores (2013), es un acercamiento desde el periodismo interpretativo a lo tuky (o tuki, según se prefiera), con particular énfasis en la música (la «changa tuki») alrededor de la cual se generan los códigos que lo caracterizan. Aunque no se ahonda en los modos como éstos se inventan y reactualizan, in situ, hay un evidente interés por la puesta en práctica de la («inédita») identidad tuki.

Por su naturaleza híbrida ―hard fusion, raptor house, tuky bass―, la changa tuky es una manifestación profundamente contemporánea, que al oído se presenta como un ritmo de violencia y rapto. (p.13)

Esos códigos pueden verse resumidos en la tercera parte del libro («Baile precursor: pasos trascendentales»), en las entrevistas a Elberth El Maestro. Elberth es un bailarín que encarna la (compleja) figura del tuki: la identidad tensionada por el orgullo y el estigma de venir del barrio. Los jóvenes tukis, como otras comunidades juveniles, en su intento de inventarse prácticas culturales propias (por lo general, alejadas de la violencia que reina en su entorno, como «una forma de ver la posibilidad de la paz», según señalan Cámara y Torrivilla, p.107), toman distancia del arquetipo del «malandro» con el que la sociedad, por otro lado, aún los identifica.

El bravo tuky ELBERTH EL MAESTRO bn

Todos los cuerpos del malandro

Pero el hecho de que «malandro» sea un término con el que en Venezuela nombramos casi todo lo malo, habla mucho de nuestra sociedad. Como referente cultural dentro del barrio, es a partir del «malandro» que los jóvenes varones (o la mayoría de ellos) construyen sus identidades. Por lo tanto, al estigmatizar a priori el modo en que se conduce el «malandro» (sus códigos culturales) se corre el riesgo de negar todo aquello que se produce en estos sectores. Incluyendo la reconstrucción creativa de los mismos códigos que, a su vez, permiten reinventar masculinidades no violentas. Este es el caso de muchos tukis.

Las afinidades electivas de la changa tuky trazan líneas de afectos, militancias, reyertas y pasiones. (p.15)

Heredera de la tradición de las minitecas y el «wapero», la movida tuki ―de acuerdo con Cámara y Torrivilla― nace en los matinés que se realizaban en casas, calles y canchas de los barrios caraqueños. De ahí también, su impronta urbana y su hibridez: mezcla de elementos locales («nuestros») y globales, intersectados por las dinámicas «urgentes» de la capital y sus mediaciones, la comunicación masiva y una situación material precaria. Dada su procedencia, no es casualidad entonces que la denominación tuki haya transmutado para convertirse en sinónimo de «malandro», siempre con un sentido peyorativo.

Sin embargo, lo tuki redefine la vinculación del joven del barrio con la ilegalidad y la violencia. Con Reguillo (en un artículo citado en el libro) podríamos hablar de esta redefinición como una crítica performativa. Lo que quiere decir que a través de sus prácticas cotidianas (sin tener consciencia clara de ello) cuestionan el estigma que se les impone así como las limitadas opciones de vida que se les deja. Se construyen las suyas propias. Y esta construcción se da fundamentalmente (más aún en el caso de los tukis) a través de sus cuerpos: la changa tuki es producto, ante todo, del movimiento de los propios jóvenes. Adaptación sonara de expresiones corporales (performativas) en medio del baile.

Mestizo, transgénero, impúdico, el tuky habla con los movimientos de quien lo escucha. Que son los jóvenes. […] No importa que nadie más lo entienda. (p.104)

Del tuki, su reivindicación

Las «culturas juveniles», como también lo indica Reguillo, no se relacionan en términos simples con la sociedad que las contiene. Tanto desde el punto de vista social como político, están atravesadas por dinámicas de resistencia, reproducción y aceptación frente al sistema e, incluso, frente al ordenamiento legal. Por ello no es de extrañar que el declive de la movida tuki, según reseñan Cámara y Torrivilla, haya estado ligado a la promulgación de una ley. Aunado a los conflictos personales (y de ego) entre sus precursores, la LOPNA (2007) y las restricciones del Estado frente a los matinés, fueron cerrando sus vías de expresión.

Así, paradójicamente, a pesar de los (rabiosos) discursos del gobierno bolivariano que claman (de manera simplista) en favor de lo popular, la reivindicación de lo tuki no vino de la mano de la revolución. Quizá porque al Estado ―revolucionado― todavía le cuesta pensar más allá del orden tradicional. Y no ha sabido interpretar y aprovechar el potencial de estas identidades que se gestan espontánea y autónomamente, desde los propios jóvenes y en el propio barrio, para afrontar el problema de violencia que se vive en el país. O quizá porque no hay la voluntad de hacerlo con coherencia y sistematicidad.

Lo cierto es que, clausurados los espacios de socialización tuki en el barrio, la movida comienza a (re)conocerse en y a desplazarse al este de Caracas (tanto Cámara y Torrivilla vienen de este lado de la ciudad). El resurgimiento, en la actualidad, de la changa tuki (a nivel internacional, incluso) quizá pueda entenderse a partir de su progresiva desvinculación con el barrio (y con la connotación negativa que tiene éste en nuestro imaginario social). Pero, en todo caso, sus orígenes siguen estando allí. La cultura tuki, reinvención de lo popular urbano, vuelve a mutar en otros cuerpos, sin perder la rebeldía que la caracteriza.


El de la foto ―realizada por Linda Meléndez― es Elberth El Maestro. Más información de El Bravo Tuky en su Tumblr. El corto ¿Quién quiere tuki? es una producción de MOSTRO contenidos.

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3 thoughts on “El Bravo Tuky. Para pensar la/s juventud/es

  1. Pingback: Juvenicidio y clasismo en Venezuela | El Oficio de Preguntar

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  3. Pingback: «El cuerpo malandro». Artículo en Espacio Abierto (LUZ) | Pablo Caraballo

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