Entradas varias

A propósito de El Bravo Tuky

A raíz de una entrada reciente de este blog, me invitaron a participar en la presentación de El Bravo Tuky en una librería de la zona donde vivo. Estuvimos Juan Pedro Cámara (uno de sus autores), Paola Soto y yo. Conversamos sobre las identidades de los jóvenes, fundamentalmente en sectores populares, y la construcción de identidades alternativas (como la tuky) a partir de expresiones culturales que reivindican su procedencia (el barrio), pero a su vez toman distancia frente a modelos de masculinidad vinculados a la violencia callejera.

El encuentro fue interesante y entretenido porque pudimos compartir diferentes enfoques sobre un mismo fenómeno. Pero también porque sirvió para visibilizar una realidad proscrita en contextos como en el que nos encontrábamos (Lechería, una zona de clase media alta; fiel reflejo de la fragmentación de nuestra sociedad: una «burbuja», en palabras de Juan Pedro). Sin embargo, hay dos puntos que me gustaría destacar en torno al libro y que ―por falta de tiempo, por descuido o, también, por lo apabullante que aún me resulta hablar delante de un grupo nutrido de personas― no pude tocar en el conversatorio.

El bravo tuky

El primero de esos puntos es la naturaleza del libro mismo que, en tanto producto, es (o lograron convertirlo en) un «objeto» juvenil en sí mismo. Lo que quiere decir que no solo toma la juventud como objeto de análisis sino que hace parte de y se inserta en procesos y contornos propiamente juveniles. Así, por ejemplo, su publicitación a través de las redes sociales y la manera de visibilizar el tema que aborda, han hecho que sea una expresión de una generación que difícilmente puede pensarse (ni ella misma ni uno sobre ella) sin tener en cuenta el uso de Internet. Logrando, además, llegar a un público mucho más amplio (joven y no tan joven), y generando un encuentro más o menos masivo con la realidad que intenta evocarse en el libro.

Esta impronta juvenil (que además está dada de modo natural, por la propia condición de jóvenes de sus autores) al tratar el tema de las juventudes, hace que el recorrido documental se salga de los formatos tradicionales. Que trascienda el soporte físico del papel como medio para «transmitir» un contenido. Esto se evidencia, aún más, en el disco que acompaña la edición, donde la identidad tuky y la música que le da origen y alrededor de la cual se gesta toda la movida, trasciende el uso formal del lenguaje para darle voz a esa misma realidad y a las narrativas de sus propios protagonistas, en sus propios términos.

En ese sentido, otro punto que creo importante es las implicaciones políticas del libro y de las dinámicas que han tenido lugar a partir del mismo. Ese darle voz a un colectivo que normalmente no tiene la posibilidad de ser escuchado y, mucho menos, en los escenarios en donde se ha presentado la obra. De ese modo, ante la compleja discriminación de la que son objeto los jóvenes identificados con lo tuky, el libro de algún modo contribuye a generar procesos de empoderamiento social en estos sujetos. El hecho de que las condiciones de vida de quienes lo escribieron sean diametralmente distintas de las de quienes lo protagonizan, traduce además una disposición para poner entre paréntesis los privilegios propios y cederlos (en parte, al menos) a quienes no tienen acceso a ellos.

De manera que, al hablar de las implicaciones políticas del libro (en paralelo a las implicaciones que la propia movida tuky tiene, también) no debe entenderse como la explicitación de objetivos orientados a intervenir la distribución desigual del poder (no en términos institucionalizados formalmente); sino, más bien, como la generación de espacios (materiales y simbólicos) donde tengan cabida las pequeñas resistencias que toman forma en los cuerpos, en los movimientos y en los códigos emergentes de los tukys. En medio de una sociedad que (queriendo o sin querer) sigue negándoles el derecho a la expresión y a la participación ciudadana en igualdad de condiciones con otros actores sociales.

*

Por último, quiero agradecer otra vez a Juan Pedro Cámara por la invitación y a Paola Soto (y a la librería +Libros) por la organización y por el apoyo a este tipo de eventos. Participar en estas actividades permite poner en palabras y traer al debate cuestiones que no siempre se tiene la oportunidad de discutir. Ojalá que salgan muchas ediciones más del libro y que cada vez seamos más capaces de comprender la naturaleza de esta movida cultural juvenil que, entre muchas otras, surgen dentro del barrio y se atreven a reivindicar su procedencia. Comprender para, finalmente, aprovechar (que no instrumentalizar) el potencial que se oculta tras su aparente banalidad.

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