Lo impensable, lo imposible, lo decible

Hay cosas que son impensables, en un sentido literal.

Ayer en clase, por ejemplo, le explicaba a un grupo de estudiantes qué se entiende por patriarcado. «Un sistema que asigna roles y posiciones a partir del sexo y el género de hombres y mujeres, y que implica una distribución diferencial del poder entre ambos». Todo iba bien hasta ahí. El problema se presentó cuando retrocedí para aclarar que este «sistema por lo tanto presupone la existencia de esos dos sexo/géneros como si fuesen naturales».

Hiperrealismo (Marcos Zerene) formatbrain_

Fue el «como si» lo que generó ruido en la mayoría, y algunas reacciones. Apelando siempre a la evidencia empírica del cientificismo que uno ha heredado, les argumenté que es así, de hecho, pues ha habido otras culturas donde este binarismo no se presenta como tal. Un estudiante asumió que estaba hablando de transexualidad, o de ese «tercer género» que ahora también «reclama sus derechos», según explicó luego. A lo que respondí que no, que la transexualidad por lo general presupone igualmente esta distinción binaria y la existencia de dos únicos géneros (posibles). Disponiendo de poco tiempo y mucho contenido, no era tanto más lo que podía discutirse. Tocó dejar en suspenso sus expresiones de extrañamiento e incredulidad. Había que continuar con la clase.

*

Habitamos un universo simbólico que se vehiculiza y existe en la medida que lo ponemos en palabras, pero que a su vez encuentra sus posibilidades de existencia en el cerco que producen esas mismas palabras.

Lo que queda por fuera, no existe para nosotros.

Aun así, de vez en cuando, debemos afrontar la existencia material de individuos que trascienden (y transgreden) esos límites. Los términos de inteligibilidad de los que disponemos tienden entonces a restarle veracidad a esos individuos. No es que neguemos su existencia evidente, sino su existencia en tanto humanos. Porque ¿cómo va a ser humano quien no encaja en esas fronteras de lo dado (en ese «ser» hombre o mujer)? La humanidad (nuestra humanidad) está atravesada por estos límites de posibilidad implicados en lo simbólico. Por eso resulta fácil desechar aquello que se presenta como externo: la inhumanidad, la monstruosidad es siempre prescindible, además de peligrosa.

En su historia del sexo (de cómo se hizo el sexo), Thomas Laqueur explica que durante mucho tiempo el «sexo» fue uno solo. El único sexo que existía era el masculino, que en las mujeres se encontraba «invertido» hacia adentro. El binarismo que hoy damos por sentado fue inventado algún tiempo después. El sexo surge, por lo tanto, en un contexto de antemano generizado. Cuando se asume que existen dos sexos «naturales», éstos ya venían marcados por los dos géneros posibles. De modo que, no se trata solamente de una asignación patriarcal de roles y posiciones con base en unos cuerpos dados naturalmente. Pues los cuerpos también están socialmente construidos y limitados por ciertos patrones de «realidad».

En la medida que se naturalizan estos cuerpos (y no otros), los límites de posibilidad que pesan sobre ellos se hacen «naturales» y todo lo demás pasa a ser imposible e impensable.

Otro ejemplo es el especismo. En el especismo el privilegio de lo humano es mucho más evidente en tanto no se oculta la presuposición de que los animales «no humanos» son de hecho prescindibles, especialmente cuando sirven para satisfacer nuestros placeres y necesidades. En este sentido, una de las cuestiones que parece plantearnos Isabel Zapata es ¿cómo podemos salirnos de los límites que nos impone esta «normalidad»? ¿Cómo rehuir (y si se puede rehuir) del sesgo y de las «intuiciones especistas» que nos engullen aun cuando algunos seamos capaces de reconocerlas? Porque ¿qué más «natural» que comer y disfrutar de una buena carne?

Es cierto que estas fronteras de lo pensable siempre están vinculadas a las palabras, como señalé antes. Pero incluso si usamos el lenguaje para ver más allá, produciendo lugares de enunciación (discurso, palabras, conceptos) que cuestionan las cuestionan, los límites tenderán a resistir. No es fácil ni siquiera convencernos a nosotros mismos de la posibilidad de que alguien sea algo más que un hombre o una mujer o de que las vacas merecen tener derechos. Por lo tanto, no se trata solamente de entender, sino de forzar esos límites de manera reiterada para de algún modo convencernos. La repetición puede generar así un efecto performativo dentro de ese marco de posibilidades a partir del que pensamos las cosas.

En otras palabras, si la verdad es una ficción que ha sido repetida muchas veces e instituida de ese modo como «verdad»; entonces devenir otra cosa pasa quizá por un constante ejercicio mantrico en el que debemos reiterar la existencia posible de otras ficciones. Otras verdades que sean menos limitadas y menos opresivas.


La foto es de Marcos Zerene, publicada en Flickr bajo licencia CC BY-NC 2.0.

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