Guille y Belinda

―I―

“Las lesbianas no son mujeres”, afirma Monique Wittig al final de El pensamiento heterosexual. La frase se presta a muchas interpretaciones. Pero seguramente la más acertada sea aquella según la cual una mujer (o el mito de “la-mujer”) se define por una relación contractual con un hombre. Sin heterosexualidad no hay ni mujer ni patriarcado. Por lo tanto, en ausencia del “contrato social en tanto heterosexual”, y en un acto afirmativo de ruptura con éste, las lesbianas no son mujeres, en sentido estricto.

Las lesbianas rompen con la “obligatoriedad heterosexual” y allí reside su peligrosidad. Por eso ―dirá Adrienne Rich― la “existencia lesbiana” es sistemáticamente negada, relegándola a la clandestinidad o a las grietas de la superficie normalizada.

Audre_Lorde,_Meridel_Lesueur,_Adrienne_Rich_1980
Audre Lorde, Meridel Lesueur y Adrienne Rich (K. Kendall, 1980)

―II―

Guillermina y Belinda son primas. Viven en la Pampa argentina, a unos 300 kilómetros de Buenos Aires. Se reúnen a jugar en casa de Juana, la abuela de ambas. Allí las conoció Alessandra Sanguinetti en 1998 y allí comenzó a fotografiarlas. Guille y Belinda tenían alrededor de nueve años. Sus vidas en común han quedado retratadas en una serie de fotos reunida en el libro The Adventures of Guille and Belinda and the Enigmatic Meaning of their Dreams (del que hay una edición en español), y ha sido expuesta en importantes galerías.

Sanguinetti buscaba capturar el paso del tiempo, el tránsito por el mundo de estas dos niñas que se acompañaban en el campo. En el verdor de las adyacencias de la casa de la abuela. Flotando sobre el agua como unas Ofelias. La relación de Guille y Belinda es una relación de solidaridad. De cuidados mutuos. De juegos y de representaciones oníricas. Juegan a casarse, juegan a ser mujer: a ser madre y estar embarazada.

En una de las fotos, Guillermina rodea el hombro de Belinda con su brazo. Ésta la mira con complicidad y ternura.

En otra, Belinda representa el papel de “el-hombre”: su flaca contextura y la planicie de su pecho desnudo se lo permiten. Guille, en cambio, usa sostén para ceñir sus voluptuosos senos. Belinda se pone un sombrero negro y bigotes; Guille se pone pulseras de colores. Recrean el contrato heterosexual, y se sublevan contra él.

ARGENTINA. Buenos Aires. 1999. The Couple.
ARGENTINA. Buenos Aires. 1999. The Couple.

―III―

“El termino continuum lesbiano ―dice Rich― incluye una gama de experiencia identificada con mujeres ―en la vida de cada mujer y a lo largo de la historia― [y] no simplemente el hecho de que una mujer haya tenido o deseado conscientemente una experiencia sexual genital con otra mujer”. Habla la autora de “formas de intensidad primaria entre dos o más mujeres, incluyendo el compartir una vida más profunda y rica”.

Una salvedad. La “tiranía masculina” frente a la que se resisten y solidarizan estas mujeres, no debe entenderse (única y simplemente) como un ejercicio de voluntad soberana. No se trata de que los hombres, en tanto sujetos concretos, se dispongan a oprimir a las mujeres para obtener los réditos que les promete el sistema patriarcal. La opresión es más bien la consecuencia de una obra sin autor que, aún así, se reproduce por la reiteración de las posiciones de poder. Frente a eso, las mujeres tejen estrategias (a veces inadvertidas) de resistencia. No hay esencia femenina, hay circunstancias a las que ellas deben enfrentarse.

El continuum lesbiano de Rich tiene que ver con una energía difusa (sexual, aunque no necesariamente genital), una alegría compartida entre mujeres, que muchas veces debe compaginarse con la demanda social de obligatoriedad heterosexual (el matrimonio, la maternidad).

―IV―

El 29 de septiembre de 2006 Belinda se casó. Guille y Belinda han crecido, y cada vez hay menos fotos de las dos juntas. Ya no juegan a la maternidad, ahora ambas son madres. No hay en ellas una “resistencia al matrimonio” a lo Rich. No hay una revolución sin teoría contra la obligación de reproducirse. Su relación (antes y ahora) no constituye “una rebelión radical”; al contrario, es totalmente normal en su contexto. Pero aun así hay una tensión que lo trasciende. Una sublevación implícita. “Si se presta atención, se empiezan a construir historias y hacer que las cosas tengan sentido”, dice Sanguinetti.

La belleza de sus “juegos” reside en el inasible vínculo que hay entre ellas, en su sororidad. Pero hay que prestar atención para verlo.

No se trata de que Guille y Belinda sean lesbianas, en el sentido político que Wittig le da al término. No se trata, tampoco, de que la existencia lesbiana pueda reducirse a una etérea solidaridad femenina que podría abarcar cualquier vínculo entre mujeres. Se trata más bien de la sutil resistencia que queda explicitada en la representación fotográfica, de ese amoroso intersticio que las une. Se trata de prestar más atención para lograr ver más allá del contrato.

ARGENTINA. Buenos Aires. 2007. 'The real thing.'
ARGENTINA. Buenos Aires. 2007. ‘The real thing.’

Este artículo fue publicado originalmente en la columna La gente rara de LaONG.org.

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