El orden natural de Zootopia

Soy como una secretaria venida a más. Yo creo que el Alcalde solo buscaba el voto de las ovejas, pero me regalo esa taza… se siente bien sentirse considerada. (Bellwether)

Zootopia se trata de una coneja llamada Judy Hopps que quiere ser policía. El problema con el que se enfrenta Judy es que, en la civilización animal, las funciones policiales han sido monopolizadas por las especies de mayor tamaño, desde hace tanto tanto tiempo que ya se ha olvidado desde cuándo las cosas comenzaron a operar así. Y es gracias a este olvido que ese monopolio se ha instituido y se reproduce como el “orden natural” de las cosas. Judy debe sobreponerse entonces, no digamos ya los prejuicios de la sociedad en la que vive, sino el orden mismo que la condena “por naturaleza” a no ser más que una conejita rural y a dedicarse al negocio de su familia (sembrar y vender zanahorias en el campo).

Sí, Judy termina ganándose el reconocimiento de sus pares, pero antes debe demostrar que vale como policía y llenar unas expectativas mucho más altas que las que el sistema le impone al resto de sus compañeros (todos machos, por cierto). Expectativas que quedan representadas en el ultimátum del Jefe Bogo (un intimidante búfalo): resolver, en unas pocas horas, un caso que nadie ha podido resolver en meses, o renunciar a sus funciones.

Zootopia

Nick Wilde, quien acompaña a Judy en su aventura, es un zorro que, como ella, no se ajusta al estereotipo que se le endilga por pertenecer a una determinada raza o especie. Presa de una sociedad que no solo lo aleja de sus sueños, sino que lo empuja a encajar en el estereotipo por el que luego, ya de grande, será condenado, Wilde es otra víctima del sistema. En Zootopia, como en la “vida real”, el orden de las cosas produce sus propios chivos expiatorios para llenar las cárceles de la ciudad. Pero hay posibilidades de resistencia.

Así, uno a uno, se nos presentan personajes diversos que van desnaturalizando los atributos que se asocian a “los de su especie”: un tigre que es gay y que trabaja para el Departamento de Policía, un diminuto ratón (paradójicamente llamado Mr. Big) que funge como jefe de la mafia y una “indefensa” ovejita llamada Bellwether que resulta ser la mala de la película. Sin embargo, hay que decir también que el tigre gay es solo el recepcionista de la comisaria (así que tampoco es lo que se llama un funcionario “activo” de la policía) y Mr. Big se ajusta bastante bien al estereotipo clásico del mafioso italiano (extranjero, en todo caso), aunque sea siempre bajo la excusa de la referencia a El Padrino. No hay que pedirle peras al olmo: una pereza no puede ser rápida por mucho que se llama Flash.

Zootopia 1

Pero detengamos en el personaje de la ovejita devenida villana. Bellwether pondrá en marcha un meticuloso plan no solo para hacerse con el poder, sino para fracturar ese “orden natural” en el cual las especies pequeñas, como ella, son infantilizadas y subordinadas por las especies grandes, como el Alcalde Lionheart, su superior (ya que ella es la vicealcaldesa) y a quien reemplaza una vez su plan empieza funcionar. Si, como alguien dijo una vez, la igualdad de género implica (entre otras cosas) que las mujeres puedan desligarse de esa aura de pureza que las priva de toda maldad, Bellwether es una oveja que reivindica su igual derecho a ser mala, la posibilidad de “ser” otra cosa, más allá de lo que el orden le impone. En ese sentido, no importa tanto los ideales políticos que motivan sus acciones; su “maldad” es en sí misma subversiva.

Pero la trasgresión tiene sus límites. Zootopia si bien demuestra, como dice Wikipedia, que “incluso los enemigos naturales pueden llegar a ser los mejores amigos”, también refleja que esa armonía es menos una realidad que una ilusión. En la práctica, ciertas especies siguen siendo oprimidas. El éxito de Judy Hopps en un mundo dominado por machos de gran tamaño es una excepción. Bellwether no le interesa tanto encajar en ese mundo, sino transformar sus estructuras (aunque sí, de muy mala manera); pero al final, el orden natural prevalece (y se la lleva por el medio). Si Hopps y Wilde logran, en contra de los estereotipos, alcanzar sus sueños y ser policías no es porque las cosas hayan cambiado demasiado.

Zootopia2

Seguramente las cárceles de Zootopia siguen llenas de zorros y las ovejas siguen siendo maltratadas y explotadas (y usadas para fines electorales) por los leones, pero la ilusión de armonía (ese mundo en el que “cabemos todos”) ha sido restablecida. Y eso le basta a Disney, aunque la celebración del orden legitime, en el fondo, la necesaria opresión de quienes siguen sin tener voz en la gran metropolis animal.

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