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¿Por qué no saben hablar los candidatos a la ANC?

Han pasado tres días desde que el Consejo Nacional Electoral (CNE) diera los primeros resultados de las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y todavía no se tienen resultados “definitivos”. En efecto, si usted entra al sitio web del CNE y trata de acceder a los mismos, el sistema le informará que “en estos momentos estamos actualizando información, en breves momentos estaremos informando“. Están en pdf los resultados referidos a los “pueblos y comunidades indígenas”, pero solo los nombres de los ganadores y sus cédulas de identidad. Nada de números de electores que votaron por ellos como representantes. Por otro lado, un representante de SmartMatic abonó con sus declaraciones a la poca credibilidad del proceso diciendo que “La diferencia entre la cantidad anunciada y la que arroja el sistema es de al menos un millón de electores”. Sigue leyendo

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Notas sobre las colas y el «bachaqueo» en Venezuela

Según Erving Goffman, las interacciones sociales son un trabajo «escénico» en el que cada actor asume su papel en función (y con relación) al asumido por las otras personas de cara al sostenimiento de la situación y a la apariencia de consenso. Una de estas interacciones que el autor toma como ejemplo en un ensayo de 1982 es «la cola». Siguiendo a Goffman, las colas son el producto de una conducta ritualizada que sirve para «tratar con más de un candidato [a ser atendido] a la vez en una forma que parezca ordenada y correcta» (p.200). La cola protege, de esta manera, «la posición ordinal determinada “localmente” por la fórmula “Quien llega primero se coloca primero”» (p. 203).

Colas y bachaqueo en Venezuela

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Juvenicidio y clasismo en Venezuela

Cuando ese estado de guerra contra los pobres y los jóvenes cese por fin, la anarquía prefigurada por el delincuente juvenil tal vez ya no será necesaria. (Matza, 2014, p.33)

En enero de 2014, el Presidente Nicolás Maduro declaró ese año el año de la juventud venezolana, como conmemoración del bicentenario de la Batalla de La Victoria. Un mes más tarde, el 12 de febrero (día de la juventud), comenzaron una serie de protestas callejeras que dejarían más de cuarenta personas muertas y miles detenidas. En mayo del 2015, dos homicidios impactaron la opinión pública nacional: el de Conan Quintana (dirigente estudiantil) y el de un muchacho dentro de la UCV. Todas estas muertes emblemáticas coinciden en el hecho que las víctimas son personas «jóvenes».

Más allá de las ambigüedades (sociales, culturales) implicadas en lo que significa «ser joven», en Venezuela la ley que rige esta materia establece que «se consideran jóvenes a las personas naturales, correspondientes al ciclo evolutivo de vida entre las edades de quince y treinta años» (Ley para el Poder Popular de la Juventud, 2009, Art.2). Entonces, sea de mano de la delincuencia, por «resistencia a la autoridad», en enfrentamientos o en razzias y operativos, a diario son asesinados en nuestro país más y más jóvenes. No parece impertinente, por lo tanto, hablar de una situación favorable para el «juvenicidio» que, además y como en otros contextos, tiende a cobrar la vida de los más sujetos vulnerables. Sigue leyendo

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